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Artículo de Azucena Manzanares

VIOLENCIA OBSTÉTRICA: IMPACTO EN LA MATERNIDAD

La violencia contra la mujer sigue siendo una pandemia global. Es una violación de los derechos humanos que se ha constituido como un fenómeno invisible durante décadas, siendo una de las manifestaciones más claras de la desigualdad, subordinación y de las relaciones de poder de los hombres sobre las mujeres.

 

Según la Ley Orgánica 1/2004, de 28 de diciembre, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género “comprende todo acto de violencia física y psicológica, incluidas las agresiones a la libertad sexual, las amenazas, las coacciones o la privación arbitraria de libertad.” Es vital conocer las diversas formas de violencia y profundizar en el cuerpo de creencias que justifica la dominación de la mitad de la humanidad. Un tipo de violencia de género, según las definiciones anteriores, sería la violencia obstétrica.

 

¿Qué es Violencia Obstétrica?

 

Se entiende por violencia obstétrica la apropiación del cuerpo y procesos reproductivos de las mujeres por prestadores de salud, que se expresa en un trato jerárquico deshumanizador, en un abuso de medicalización y patologización de los procesos naturales, trayendo consigo pérdida de autonomía y capacidad de decidir libremente sobre sus cuerpos y sexualidad, impactando negativamente en la calidad de vida de las mujeres”.

 

Países como Venezuela, Argentina y México penalizan las conductas de este tipo de violencia. Aunque España aún no las ha tipificado específicamente, las prácticas constitutivas de violencia obstétrica se encuentran prohibidas en nuestro país, ya que suponen la vulneración de derechos básicos contemplados en Convenios internacionales, así como en nuestra Constitución.

 

¿Qué es constitutivo de Violencia Obstétrica (en adelante VO)? 

 

Se considerarán actos constitutivos de VO los ejecutados por el personal de salud, consistentes en:

 

  • No atender oportuna y eficazmente las emergencias obstétricas.

 

  • Obligar a la mujer a parir en posición supina y con las piernas levantadas (litotomía), existiendo los medios necesarios para la realización del parto vertical.

 

  • Obstaculizar el apego precoz del niño o niña con su madre, sin causa médica justificada, negándole la posibilidad de cargarlo o cargarla y amamantarlo o amamantarla inmediatamente al nacer.

 

  • Alterar el proceso natural del parto de bajo riesgo, mediante el uso de técnicas de aceleración, sin obtener el consentimiento voluntario, expreso e informado de la mujer.

 

  • Practicar el parto por vía de cesárea, existiendo condiciones para el parto natural, sin obtener el consentimiento voluntario, expreso e informado de la mujer.

 

  • El trato cruel, deshonroso, descalificador, humillante o amenazante ejercido por el personal de salud en el contexto de la atención del embarazo, parto y posparto, ya sea a la mujer o a el/la recién nacido/a, así como en la atención de complicaciones de abortos naturales o provocados.

 

 

¿Cuál es la situación actual de la VO?

 

La VO es hoy día un grave problema global de salud pública, que pone en riesgo el bienestar biopsicosocial de madres y bebés, algo que la OMS ha advertido en un su declaración del 30.09.2014, “Prevención y erradicación de la falta de respeto y el maltrato durante la atención al parto, en la que denuncia públicamente la incidencia de las prácticas que constituyen este tipo de violencia, promoviendo la implantación de políticas de control de calidad en los centros sanitarios y la implicación de todos los intervinientes, incluidas las mujeres, a quienes se exhorta a denunciar las malas praxis y a reclamar un trato digno y respetuoso hacia sí mismas y sus bebés.

 

También las estadísticas de los resultados del “Informe sobre la atención al parto y nacimiento en el Sistema Nacional de Salud” de diciembre de 2012 (documento completo aquí) del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, en relación con las recomendaciones de la Estrategia de Atención al Parto Normal (EAPN), alertan de que “en general, se observa un amplio margen de mejora en todas las prácticas clínicas, líneas de intervención, sistemas de información y aspectos organizativos” y se insta a la supresión urgente de prácticas injustificadas que derivan en nefastas consecuencias para las madres y los bebés. Entre los resultados del informe podemos observar los siguientes datos:

 

  • El doble de partos inducidos (19,4%) del porcentaje recomendado por la EAPN (<10%).

 

  • 26% de cesáreas cuando su índice adecuado está entre el 10% y el 15%. El porcentaje de cesáreas continúa en constante subida año tras año.

 

  • El 87,4% de los partos se atienden en posición de litotomía (posición supina con las piernas levantadas).

 

  • Casi 3 veces más episiotomías (corte en el periné. 41,9%) en partos eutócicos (normales sin complicaciones) de las sugeridas (<15%).

 

  • 20% de partos instrumentales, cuando en la Estrategia se concretó que no sobrepasaran el 15%.

 

  • 44,2% de partos vaginales tras cesáreas (PVDC) cuando el porcentaje adecuado conforme a la evidencia recomienda un 60-80%.

 

  • Un 50,2% de contacto precoz madre-recién nacido, muy por debajo de la tasa recomendada de >80%.

 

  • El 26,1% de las mujeres encuestadas reconoció que se les practicó la maniobra de Kristeller (empujar el fondo del útero con un brazo para acelerar la expulsión del bebé), a pesar de que es una intervención totalmente desaconsejada por la Guía de Práctica Clínica sobre la Atención al Parto Normal, por el alto riesgo de rotura uterina y otras complicaciones en mamá y bebé. Hacer hincapié en que esta práctica no aparecía en las historias clínicas a pesar de que las madres reconocieron haberla sufrido.

 

 

El Observatorio de Violencia Obstétrica (OVO) de la asociación El Parto es Nuestro, recogió y analizó casi 2000 cuestionarios digitales de mujeres cuyos partos ocurrieron entre noviembre de 2015 y septiembre de 2016. El formulario online recabó información sobre distintos aspectos relacionados con el parto. Algunos de los resultados más llamativos fueron:

 

  • En un 70,3% de los casos, los y las profesionales que entraron en la habitación y las trataron no se presentaron ni informaron de su categoría profesional. En el 66% de los casos no se pidió permiso para tratar a las usuarias.

 

  • En un 33,8% de los casos, alguien les dijo que lo estaban haciendo mal y en un 32,5% alguien criticó sus expresiones de dolor, gritos o gemidos.

 

  • Un 50,7% de las mujeres no fueron informadas de la intervención (inducción, Kristeller, episiotomía…) que se les iba a realizar. En un 60,8% de los casos tampoco se les indicó por qué una determinada maniobra estaba aconsejada en su caso.

 

  • En un 76,6% de los casos no se les habló de las distintas opciones de actuación, incluyendo el manejo expectante (no hacer nada). Generalmente tampoco se explicaron las posibles consecuencias a las usuarias (80,4%) y/o los efectos secundarios de la intervención (84,6% de los casos).En más de la mitad de los casos (50,1%), se actuó prescindiendo del consentimiento de las mujeres.

 

  • Una cuarta parte (25,3%) fue tratada despectivamente por presentar el plan de parto. En un 65,8% de los casos no fue respetado. Al 55,7% no se les permitió comer ni beber, al 53,2% deambular, ni usar material personal como música o ropa propia (58,2%) o material de soporte (52%).

 

  • Al 66,7% de las madres no se les explicó ni se les pidió consentimiento para cada actuación sobre sus bebés, a los cuales no tuvieron libre acceso en un 42,7% de los casos. A un 42,6% se les obligó a salir cuando se realizaron procedimientos o pruebas a sus bebés.

 

 

¿Qué consecuencias tiene la VO?

 

La VO es un asunto de salud pública que requiere un fuerte compromiso con la salud de las mujeres, tanto por parte de las propias usuarias como de los profesionales que las atienden. El cuerpo de las mujeres se ha convertido en un lugar de paso, al servicio de una medicina defensiva, fría y androcéntrica, que fragmenta sistemáticamente la experiencia de la mujer, medicalizando su vida sexual y reproductiva. El paradigma médico actual ignora y olvida los aspectos psicosociales y emocionales del proceso del embarazo y parto, banalizando las consecuencias que sus prácticas tienen en la vivencia emocional y que afectan de forma directa en la salud de la mujer y del bebé, sobre todo, en el inicio de la maternidad y en el vínculo materno-infantil.

 

 

¿Qué pasos se están dando para visibilizar, combatir y erradicar la VO?

 

El reconocimiento que lentamente se está haciendo de este tipo de violencia como “estructural”, permite pasar del análisis de lo privado a lo público, a lo social y a lo político.

Actualmente se están realizando diversos trabajos de investigación, en los que se analiza la conceptualización, las prácticas constitutivas de VO y sus tasas, la asociación entre VO y depresión posparto y/o SEPT (Síndrome de Estrés Postraumático), las líneas de actuación ante los casos de este tipo de violencia, los tipos de atención sanitaria (psicológica, física y fisioterápica) necesarias para las madres y las medidas a instaurar entre los profesionales sanitarios.

 

La erradicación de la VO pasa por la instauración de medidas multisectoriales. El punto de partida debe ser dar visibilidad a este problema de manera urgente y enfatizar la prevención como principal medida, junto con la investigación (psicológica, biológica, fisioterápica, social y económica) de los casos de VO. Además de programas de capacitación para los profesionales sanitarios y un empoderamiento de la sociedad, con el objetivo de que puedan exigir/asegurar el cumplimiento de sus derechos en la atención de su embarazo, parto, posparto y/o en el resto de su vida sexual.

 

Todas estas medidas deben estar sustentandas en una legislación específica, que garantice una atención excelente y el bienestar biopsicosocial de madres y bebés

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